domingo, noviembre 09, 2008

Londres en bicicleta


Micaela está enferma, es más, nació enferma. Su corazón, como me enteré hace poco, es un maquinilla disfuncional que necesita ser cambiada, pero que está llena de amor, del amor que le trato de dar, del amor que le da Isabel todos los días, con su brutal trajín y sacrificio, del amor que le dan sus abuelos, padres de Isabel, del de su tía, del de sus primos, del amor que le dan todos en su casa.

Pasó el fin de semana internada, acompañada por Isabel, debido una complicación sanguínea, estuvo vomitando sangre, a chorros según me contaron, su medicamento diario actuó en contra esta vez. Después de horas de angustia, desesperación y volátiles augurios por el desenlace, la hemorragia se pudo contener, algún doctor trajo una inyección que terminó con el tormento. Y mientras pasaba todo esto, yo regresaba del trabajo, totalmente cansado, sin conocimiento de lo que sucedía, No te quería angustiar, me dijo Isabel, al día siguiente cuando me relataba detalle a detalle lo ocurrido, No iba a servir de nada asustarte a esas alturas, se excusó, pero igual sentía pánico de sólo imaginarme esas escenas.

La verdad, no creo que hubiera sido así, tal vez pude servir de algo, como hoy, hoy que estuve con Micaela durante una cortísima hora, en la que ayudé a limpiarla, a abrazarla, a cuidarla mientras veíamos algún dibujito en esa sala de hospital, mientras me quitaba las gafas y me dejaba totalmente invidente, mientras me contaba que quería un hermanito y que se había mordido la lengua y por eso corrió la sangre, mientras me tosía un coágulo en la ropa y yo le pedía que no me tosiera, porque me iba a enfermar, y ella quería que me enferme para quedarnos juntos, en esa sala de aura triste, con su madre cansada, la residente renegona y los otros niños también enfermos.

Fue durante ese espacio de tiempo que vimos en el televisor a un personaje de caricatura que mudaba sus aventuras a Londres, mi ciudad soñada, ahí, en ese clima tan húmedo, de calles al revés y de gente bonita. La pantalla nos mostró unos buses rojos de dos pisos y le prometí a la bebe algún día pasear en uno de esos, caminar por esas calles al revés o mejor aún, recorrerlas en bicicleta, porque ella podría manejarla cuando estemos por allá y si quiere, yo la seguiría a pie o a manos, ella decide. La llevaría a los mejores doctores para que la curen, me despediría de ellos con el ingles que mal uso, ella se burlaría de mí, porque eso es lo más le gusta hacer, por mi pésima articulación, tomaríamos la bicicleta y regresaríamos a casa. Todo eso, hasta que llegó Isabel y nos hizo despedirnos, Ya es tarde, nos dijo.

Camino a casa divagaba adormilado, me imaginé una lluvia londinense y la sonrisa de la bebe, totalmente sana, lista para salir a pasear, y yo maltrecho porque sus doctores me habían sacado hasta el último centavo que aún no tengo y tuve que vender un riñón, o un pulmón, lo que sea, con tal de comprarle una bicicleta rosa, con la que recorrerá esas calles al revés.

domingo, octubre 26, 2008

Isabel y las pastillas





He llegado a la conclusión que la vida conmigo debe ser bastante austera. Es decir, nunca estoy en mi casa, aún vivo con mis padres y hermana, siempre tengo algún lugar a donde ir, amigos que visitar, lugares donde esconderme de todos, inclusive de mí. No ayudo en los quehaceres de la casa, no asumo responsabilidades adultas y siempre que doy mi opinión en algún tema que medianamente me atañe, siempre lo hago con sarcasmo.

Los últimos meses ha sido más marcada esta actitud, he estado más ausente todavía. El problema empezó una noche que, comiendo hamburguesas con Isabel y la bebe, llegamos a un tema de conversación que nunca había meditado, el problema de ser adulto, de ser padre, de ser responsable y preocupado. Nunca te ha sucedido – me pregunta Isabel-, qué las preocupaciones se te vienen a la cabeza justo cuando tratas de dormir. No medité mi respuesta, sólo le dije estúpidamente, No, yo tengo tele en mi cuarto.

De vuelta en mi habitación, después de haberlas dejado en su casa – la bebe se durmió en mis brazos-, tomé un libro de literatura soviética que me había enganchado por sus entretenidos cuentos, lástima que el que leí esa noche fuera tan aburrido como me parece el ajedrez, con los ojos pesados entré a mi cama, con un bostezo daba la bienvenida a Morfeo. Hice un breve repaso del día, un día feliz sin dudas, con la bebe e Isabel siempre lo es. Sonriente me disponía a desconectarme cuando recordé la pregunta de las hamburguesas, antes de que me diera cuenta, las preocupaciones, los asuntos pendientes, la responsabilidad de la que siempre huyo tanto me carcomían el cerebro, picoteaban como pollos sobre maíz. La consecuencia, no pegué los ojos en toda la noche, es más, no dormí los cinco días siguientes tampoco.

Ser conciente de todo lo que tengo que hacer, ser y lograr me produjo un stress brutal, inclusive el recuerdo constante de mi inconstancia me impedía conciliar el sueño. Decidí tomar al toro por los cuernos, al pato por el pico, a la chola por la pollera y recurrí a mi fiel farmacéutico. Por las ojeras enormes no necesitó mayor explicación, con una sonrisita me anotaba las dosis diarias y la cantidad de miligramos por ingesta. Claro que no podía dármelo así como así, pero un extra en el precio de las pastillas solucionó el inconveniente.

Tras veinte horas seguidas de sueño, ininterrumpidos por lo sedado que me encontraba, me pareció hallar la solución a todos los problemas del mundo, claro, resucité con más sueño y más cansado que antes, pero incomprensiblemente era feliz, como una lombriz, como una mariposa en primavera. Coincidentemente, la columna de Bayly también daba detalle sobre su vida con las pastillas, esas pepitas mágicas que recién descubría y que arreglaban la vida de cualquiera.

Contando casi el segundo mes de inalterable ánimo, mi floja boca dejó escapar los pormenores de mi nueva relación con los químicos, lo cual llegó a los oídos de Isabel, siempre tan atenta. La verdad, el par de sedantes que tomaba en un principio se habían convertido en incontables dosis diarias provocando profundas depresiones en mi psique, se convertían en necesidad, en prioridad.

Ella, Isabel, tan tosca en su trato, pero de buenas intenciones, me recriminó de mil formas posibles el uso y abuso de las drogas que consumía religiosamente. Quieres acabar como el maricón de Bayly, me preguntó súbitamente, a lo cual no supe responder, pues no sabía si en realidad quería terminar así, tan loco y desencajado como el entrevistador. Quiero que la bebe te tenga un tiempo más, dijo, con lo cual disipó todas mis dudas y prometí dejarlas ese mismo día.

Saqué el frasco de su escondite, tenía suficientes pastillas para desmayar a todos los caballos de Pizarro, y una a una, las fui tirando al escusado, iba contando los días extras de vida cada vez que las escuchaba entrar al agua. Y pensar que sólo me bastó una frase para entender lo que me estaba haciendo, es que Isabel me hizo recordar que la bebe se podía quedar sin mí y yo sin ella, me hizo recordar que la tranquilidad no se encuentra en un envase con pastillas, sino en las pequeñas cosas que nos arrancan sonrisas. Debe ser por eso que aún la quiero tanto.

viernes, octubre 24, 2008

Plato de Segunda Mesa


Caminando rumbo a la universidad comentábamos con mi amigo Lucho sobre el concurso de la Miss Villarreal que acontecía esa tarde. La compañera que representaba a nuestra facultad sería una de las chicas más codiciadas del medio por cuestiones anatómicas, pero en aspectos intelectuales era un tema hasta risiblemente debatible. Le comentaba que esta muchacha sería el reemplazo de la verdadera escogida que había declinado su candidatura. Ser plato de segunda mesa, dice mi amigo, que feo. Concordé con esa sentencia, pero al voltear, detrás nuestro se encontraba Cinthya y Bryan conversando, animados también por el suceso. La miré por un par de segundos y sonreí por la ironía.

Cinthya es una buena amiga, de las pocas que he hecho en la universidad, es bella, alegre, divertida, muy ocurrente, pero lo mejor del kit es que besa muy bien. He tenido el placer de comprobarlo durante casi todo el ciclo anterior y todo lo que va del actual. Incluso llegó un momento, debo admitir, que confundí nuestras travesuras con posibilidades de algo más. La ironía se encuentra en que mi amiga, horas antes, me había comentado, muy suelta de huesos, que tiene pareja. Tengo enamorado, me dijo sonriente después de dejarse besuquear.

Mi madre siempre me ha recordado – o concientizado -, que mi autoestima es bastante baja, por eso suelo admitir sin reclamos relaciones o tratos de los que poco salga ganando, pero en este caso, no tengo dudas de que realmente me conviene. Al margen de posibles sensaciones, características de mi naturaleza enamoradiza, las circunstancias parecen perfectas, es decir, no hay chance, ni un atisbo de compromiso, simplemente se tratará de un falso amor, libre de ataduras. Lo mejor en todo sentido, es que conservaré a una buena cómplice sin necesidad de dar explicación alguna acerca de mi comportamiento o demás. Que las complicaciones se las deje a su enamorado, a mí me queda la mejor parte, su boca y su risa.

jueves, octubre 09, 2008

De mi recuerdo al tuyo


A propósito de una llamada telefónica, una muy triste y poco bienvenida llamada, se me ocurrió hacer una remembranza –una más- de aquella época tan cercana, de asuntos pueriles, en la que me vi obligado a crecer de golpe por hacer cosas no de muy niño. A propósito también de una inesperada noticia al respecto que azotó mi ambiente social.

El día 8 de marzo del año 2004, aquel año donde salía del colegio, aquel año de ardorosos amores y estupendas borracheras. Ese día, fuera de la costumbre visitaba a mi chica a pedido expreso, la notaba rara por teléfono, extraña también era la visita de lunes. Al cruzar la puerta, con una pequeña frase me cambió la vida.

Alessandra se comunicó conmigo hace unos días, No le cuentes a nadie por favor, fueron sus palabras, entiendo que es su mejor amiga y sabe que necesita ayuda, por eso me lo contó, pero lamento no poder cumplir mi promesa de mantenerlo en secreto, me afectó mucho la verdad. Y es que, por más hijo perdido que un hombre tenga, los hijos ganados por alguna mujer son mucho más relevantes. Entendí entonces porque hace varias noches, Stephanía, mi segunda invitada, no pasó de la copa de vino ni fumó cigarrillo alguno.

Son sólo dos frases, dos pequeños conjuntos de palabras, los que recordaré con media sonrisa, irónica o apesumbrada. La última, Me voy con tus malos recuerdos, no son malos querida, definitivamente no lo son, ahora que no te he visto en mucho tiempo porque por fin me pude zafar de ti, miro hacia atrás y me doy cuenta de que sólo uno fue malo. La primera, Vamos a ser papás, esa frase querida, sin dudas es mi mejor recuerdo.

Entender la mente de cualquier persona que esté pasando por semejante complicación, como le sucede a Stephanía, debe ser un arduo trabajo. Por eso mismo, entiendo su negación ante los hechos, y porque simplemente se niega a darme detalle al respecto, no es una obligación en definitiva, pero me molesta no poder ayudarla, aunque entiendo también, que todo esto esta fuera de mis manos.

El peor de mis recuerdos, el que dice llevarse, sucedió una semana después del 8 de marzo, cuando guiados por el sentido común, la cobardía, las nauseas de ella, despedimos antes de tiempo a ese pequeño ser, que no tenía la culpa de nada, ni de tener padres tan jóvenes y estúpidos –siendo yo el de menos edad-, ni ser indefenso y minúsculo, tanto como para sufrir ese abuso, ser privado de abrir los ojos.

Nadie soy como para influir en las decisiones de Stephanía, intento ser su amigo de vez en cuando, eso es todo, pero muy a mi pesar, me temo lo peor. La carga que podría llevar por el resto de su vida es incalculable y perenne. Espero entonces, que al lugar donde vaya mi antigua compañera, pueda por fin descansar del peor de mis recuerdos, que asumo, con mis dudas, es el suyo también; sabe de antemano que nadie estaba preparado para la llegada de ese retoño, inmerecido castigo hubiera sido para él encontrarse en un lugar donde nada le podíamos ofrecer.

Estoy seguro que habitará siempre en nuestras almas, de tu corazón al mío, de tus lágrimas a mi pesar, de tu sonrisa a mi alegría y de mi recuerdo al tuyo.

domingo, septiembre 28, 2008

Vino Blanco


La otra noche hacía un frío atroz por mi casa, y digo por mi casa porque Lima es tan grande y caprichosa que mientras llueve en un lado, al otro extremo hay un bochorno que aturde. Dando vueltas por el departamento, buscando que comer, encontré en la refrigeradora una botella de vino blanco, la cepa Italia y la cosecha sin especificar, busqué un descorchador sin éxito, entonces dejé la botella sobre el bar del comedor. Di un par de vueltas más sin descubrir que era lo que me tenía tan ansioso, pues las ganas de comer me la producía la ansiedad, al igual que mis uñas destrozadas y la gastada piedra de mi encendedor, resolví entonces dormir un par de horas.

Al despertar me dirigí al comedor nuevamente, la botella seguía ahí, la tomé para revisar la etiqueta buscando la cosecha y caí en la cuenta de que continuaba fría, tan fría como a la hora de hallarla, me extraño ese suceso, también el hecho de que nadie la haya vuelto a guardar, decidí beber el vino y nuevamente me encontré buscando un descorchador que no existe en mi casa. Miré el reloj colgado de la pared, era tarde, tan tarde como para no encontrar en sus casas a ninguno de mis amigos que, como buenos jóvenes, habían salido a buscar mujeres y gastar su dinero en cerveza.

Ya bordeando la medianoche, volvía al departamento con un descorchador y dos amigas, irremediablemente había salido a buscarlas para tomar ese vino puesto que en mi familia siempre se ha dicho que beber solo es de alcohólicos, y yo no soy un alcohólico, sólo me gusta el alcohol en grandes cantidades y casi todos los días. Alessandra y Stephanía aceptaron con entusiasmo mi tardía pero gentil invitación telefónica y tuve que recogerlas en sus respectivas casas.

Con risas dábamos la bienvenida a la madrugada, media botella ya estaba vacía -¿o medio llena?-, las muchachas, tan conversadoras y vivarachas ellas, comentaban sobre sus respectivas parejas y las anécdotas que compartían dejándome sin nada que decir pues es bien sabido que no tengo novia hace mucho, se hizo un silencio prolongado y Alessandra pregunto: ¿Y qué sabes de Raquel? Pensé mi respuesta debido a que la había ido a visitar días antes, no lo hacía desde que tomé la decisión de alejarme de ella para no seguir torturándome y, de paso, torturándola con el mezquino amor que le ofrecía. Ya tiene novio, les dije y sin más, acabé mi copa.

Pero hay alguien, les comente. Por lo menos eso creo, les dije mientras jugaba distraídamente con mi copa, la mirada inquisidora de Stephanía aumentaba mis dudas con respecto al tema y me daba señales de que ella tampoco estaba tan segura. Tienes que tratarla bien, me dijo de golpe, es que ella me conoce, sabe que soy muy descuidado y poco romántico. Serví las últimas copas, pensé en ella, pensé en las posibilidades y sorbiendo el vino me repetí: tienes que tratarla bien.

El viento helado arreciaba, me despedía de cada una de las chicas en la puerta de sus casas y encendía un cigarrillo para soportar el frío, aunque sé muy bien que el humo baja la presión sanguínea y por ende la temperatura del cuerpo disminuye más aún. De vuelta en el departamento, mi mascota ladraba desesperada por salir al parque a hacer que se yo, accedí aunque tenía un sueño brutal, de esos que parecen desmayos. Mientras la perra daba brincos y correteaba por el césped yo pensaba en Raquel y su nuevo novio, y gracias a todos los astros, al universo en general, sólo me tomó tres cigarrillos saber que ya no me importaba. Me di cuenta entonces el porque no estaba seguro de tener pareja, simplemente hay a quien tienes que dejar ir para continuar con tu existencia.

Y bueno, asumo que será cuestión de tiempo, volveré a enamorarme, estoy casi seguro de que encontré a una chica dulce, amable, divertida y bella a la cual, en caso me de chance, irremediablemente le romperé el corazón, puesto que soy un idiota que no sabe tratar a las mujeres. Espero no terminar en mi lecho de muerte sin estar casado, divorciado o por lo menos viudo, y recién en ese momento, rodeado de decenas de hijos, todos con distinto apellido materno, preguntarme si realmente tuve una vida feliz.

miércoles, septiembre 17, 2008

Cuestionario

"Esto se llama cuestionario no tradicional"
En la larga vida como literato, escritor, poeta, casi periodista de Mario Benedetti, le han hecho sin dudas un millar de entrevistas con preguntas políticamente correctas. El siguiente cuestionario consta de algunas interrogantes poco ortodoxas que el uruguayo hubiera gustado de responder.
Responde: Ando
¿Qué piensa del frío?
El frío es la excusa perfecta para acomodarse en la cama con una buena taza de café, leer un poco y divagar sin complicaciones.
¿Cuál es su odio más amado?
Suelo odiar la desidia de las demás personas, pero no puedo evitar regodearme en la mía.
¿Padece de insomnio en la siesta?
Pues mis siestas suelen ser tan reponedoras que más bien provocan mi constante noctambulismo. Las noches están mejor dispuestas para el humo de cigarrillo, la lectura solitaria y el sosiego del desvelo.
¿Es usted soltero, casado, divorciado, viudo, homosexual, impotente?
Soy un soltero divorciado de las relaciones de pareja, llevo tanto tiempo solo que me han llevado a pensar que me puedo volver homosexual y eso me deja impotente ante el hecho de no poder entablar algún vínculo amoroso con ninguna de las mujeres que se me cruzan en el camino.
¿Cuál es su dolor preferido?
Mi dolor predilecto debe ser la sensación de tener el corazón roto, pues como dice líneas arriba, no puedo tener pareja, pero si me puedo enamorar hasta los huesos. Por lo mismo, el ser tan enamoradizo me deja con la duda si en verdad me gusta estar con el corazón roto.
¿Por qué razón o razones no se ha suicidado?
La pregunta implica que hay más de un motivo para hacerlo, pero la verdad aún no encuentro alguno que me quite la cobardía de probar los dulces labios de la muerte, es que antes he estado cerca, sin querer quizá, pero no me atreví a besarla.
¿Considera que la demencia puede ser un factor de alienación?
Hay veces que desearía ser declarado clínicamente loco, es que es pues la mejor respuesta ante tanto infausto pensamiento que prolifera en mi psique, si me puedo alienar con ello, sería mejor que escucharme hablar ingles cuando estoy borracho.
¿Ha codiciado alguna vez a la mujer de su prójimo? ¿Y que tal?
Bueno, técnicamente su mujer no era, pero digamos que de alguna forma había separado espacio en su vida para ella. Fue quizás el más grosso error en la historia de mi amistad con este tan querido prójimo, pero vaya que sí disfruté los besos fugitivos y las salidas a escondidas, pero bueno, mientras el sentido de culpa me carcomía, la susodicha me iba abandonando, y nuevamente algo se resquebrajaba en mi pecho.
Y por último…
¿Quién cree que no es, de donde no viene, a donde no va?
Creo que no soy buen amante, definitivamente no vengo de algún hotel en este momento, y no voy a seguir a las masas que se absorben en un mar de cojudes y mediocridad.

domingo, septiembre 07, 2008

El momento en que me di cuenta...

... fue cuando me buscaste para dormir.

Me di cuenta de que te amaba cuando miraste mis ojos y te diste cuenta que eran igual a los tuyos. Abriste mis párpados y dijiste: tus ojos son marrones. Yo respondí: así es. Tú sonreíste y abriste tus párpados acercándote a mí. Mis ojos también, y te dejaste abrazar.

Me percaté de que te amaba en el momento que, sin pensarlo, me diste un tierno beso y me dijiste que no me vaya. Estábamos viendo la película que había comprado y querías terminar de verla conmigo, te movías cual gusano en el sofá, levantaste mi brazo y te acurrucaste bajo él, te quiero abrazar me dijiste, y fui la persona más feliz del mundo.

Lo noté cuando me tomabas el pelo hablando por teléfono. Escuchaba tu vocecita, contándome sobre tu colegio, sobre tus tíos cuando jugaban contigo, sobre el hamster que torturas cuando lo sacas de su jaula; tú parloteabas sin cesar, y cuando yo intentaba conversarte sólo decías: bla bla bla bla bla, me reí hasta el día siguiente con esa ocurrencia.

Me di cuenta cuando, llamándome por mi nombre, cual persona de mi edad, me dijiste que ya no te diera besos pues mi barba picaba. Mi dejadez por la apariencia terminó ese mismo día, porque al llegar a mi casa lo primero que hice fue afeitarme y echarme loción. Cuando dijiste que mi cabello olía raro corrí a lavarmelo, cuando notaste que mi aliento estaba fresco te dejaste besar.

Caí en la cuenta, en el momento que casi sin querer, medio dormida, te alejaste de tu mamá y me buscaste. Me habías obviado toda la noche, revoloteando entre piernas y humo de cigarrillos, husmeando en las conversaciones, quitandome los lentes, huyendo sin zapatos, y cuando por fin te cansaste, cuando estabas por dormir, de los brazos de tu madre te acomodaste en los mios y soñaste tranquilamente.

Me di cuenta de que te amaba cuando, casi sin percatarme, dejé de añorar a tu madre, pero seguía extrañandote. La noche estaba avanzada y el alcohol hacía efecto, y antes de dormir, después de ver a ambas, lo único que hice fue pensar en ti.

miércoles, agosto 27, 2008

Chau número tres

Te dejo con tu vida
tu trabajo
tu gente
con tus puestas de sol
y tus amaneceres.
Sembrando tu confianza
te dejo junto al mundo
derrotando imposibles
segura sin seguro.
Te dejo frente al mar
descifrándote sola
sin mi pregunta a ciegas
sin mi respuesta rota.
Te dejo sin mis dudas
pobres y malheridas
sin mis inmadureces
sin mi veteranía.
Pero tampoco creas
a pie juntillas todo
no creas nunca creas
este falso abandono.
Estaré donde menos
lo esperes
por ejemplo
en un árbol añoso
de oscuros cabeceos.
Estaré en un lejano
horizonte sin horas
en la huella del tacto
en tu sombra y mi sombra.
Estaré repartido
en cuatro o cinco pibes
de esos que vos mirás
y enseguida te siguen.
Y ojalá pueda estar
de tu sueño en la red
esperando tus ojos
y mirándote.

Autor: Mario Benedetti
*Quédate tranquila, dejaré que mis heridas sanen para que alguna sonrisa sincera pueda regalarte.
Disculpa mi extrañeza y perdona mi apatía, la verdad es que más duele estar así contigo.
Quédate tranquila querida, que años nos quedan por vivir y vida queda por contarnos.

jueves, agosto 14, 2008

El Principe de Nadie


Hace un par de días, hablando con la mama de mi enana, me puso a pensar en sobre manera de como están resultando nuestras vidas los últimos años. La cuestión se dio de la siguiente manera, ella , con nuevo trabajo, esta practicamente todo el día conectada al chat, yo, con computadora nueva y conección a Internet me la paso casi toda la tarde frente a ella, por lo menos estos primeros días. La conversación empezó a fluir de manera usual, muchos modismos de buena educación, todo muy formal hasta que tocamos el tema de la bebe, me comentó lo mal que la está pasando en su casa, que siente que nadie la ayuda, todo con su cuota de drama agregado que le suele aumentar en sus relatos, muy gentilmente le ofrecí tomarse una taza con café mientras charlábamos, a lo cual no puso muchas réplicas.

Llegada la noche, nos pusimos en contacto, le di alcance a unas cuadras de mi casa y nos pusimos en marcha rumbo al Café después de un afectuoso saludo. Con las tazas servidas, sentados uno al lado del otro, nos poníamos al día, que de nuevo sucedía en nuestras vidas, tan dispares, tan opuestas, mientras ella me contaba de su trabajo y responsabilidades, yo le comentaba de mi nueva faceta de gígolo, de mi nuevo tatuaje y demás trivialidades, lo bueno, es que a final de cuentas coincidimos en una cosa, si la bebe está bien, sonreímos tranquilos.

La conversación generó muchos sentimientos por parte ella, su desesperación por Mikaela, por su enfermedad, por su futuro, su angustia, su impotencia, su voz pidiéndole cosas que aún no le puede dar, todo eso desencadenó en lágrimas que mojaban mi pecho, era la tercera vez que la veía llorar, a una mujer que siempre me pareció tan fuerte, lloraba una vez más frente a mí, la segunda por la nena, la otra vez, no sé si habrán sido sinceros sus sollozos, supuestamente fue por mí.

Tratando de calmarla, la abrazaba fuerte, ella tomaba mi mano y decía: ¿Quién nos espera? Andy, ¿Quién quiere que nos quedemos?¿Quién ? Mi respuesta, algo que salió del fondo de mí, suave, sin vergüenza: Yo, yo las necesito.

Un poco más tranquila, volvió a su estado normal, sarcástica, altanera, dueña del mundo, contó que una de las cosas que ella le pedía ultimamente era un hermanito, que veían juntas programas de partos, embarazos seguidos por cadenas de televisión, la bebe tomaba su vientre y preguntaba: Mami ¿Tienes un bebito aquí? Ella, de manera tan inteligente que me provocó aplaudirla, le explicó que para eso tenía que tener un esposo, a lo que la enana replicó: ¿qué es un esposo? Volvió a explicar: ¿Recuerdas el príncipe de la Cenicienta?¿qué se casan y viven felices para siempre? Primero necesito un príncipe para poder tener hijitos. Sin detenerse, la mente de la enana generó una nueva interrogante: ¿quién es tu príncipe? ¿el gordo? - su último ex- ¿Andy?¿Es Andy?. Después de eso me comentó que esta vivaracha mujercita de cuatro años la fastidiaba conmigo, como su príncipe. Bueno, algo debió haberle quedado en el subconsciente, le dije burlonamente, a lo cual sólo atinó a sonreír. Todos esos besos frente a ella, cuando creíamos que no entendía en lo más mínimo, que los recuerde a estas alturas, alucinante.

Dando una vuelta por el parque, con mi perra de acompañante, decidí llamarla para saber si la enana estaba despierta, la despedida había sido fría, impersonal, como todas las veces desde hace tres años, me dijo que ya dormía, era algo tarde también y hacía un viento helado que escarapelaba el cuerpo, cuando me disponía a colgar: Hey! Andy. Dime. Gracias, por el café, por todo. No te preocupes, descansa. Gracias, te quiero mucho. A estas alturas, escuchar su voz reproduciendo tales palabras, me provocaron una sonrisa, pero por ahora, prefiero no ser príncipe.

jueves, julio 17, 2008

No Quiero

Cuando me gusta alguien, no quiero que te enteres
porque es un gusto, se que pasará
No quiero saber de ti cuando tienes pareja
porque tengo miedo que te enamores de él
No quiero verte todos los días del año
porque no soportaría no poder ayudarte
Quiero verte todos los días del año
porque simplemente quiero estar ahí contigo
No quiero que sepas cuanto te quiero
porque tengo miedo que tú no me quieras igual
No quiero hablarte cuando estoy molesto
porque digo idioteces y piensas que es en serio
No quiero dejar de esperarte
pero ya paso un rato largo sin que me des un beso sincero
No quiero que me digas que me quieres
porque no se como me quieres, nunca eres clara en ese aspecto
No quiero verte en los días próximos
porque no se como voy a reaccionar después de nuestra conversión
Conversación donde me desnude de cuerpo entero
donde entendiste un poquito de lo que te quería decir
pero no quiero que sea así
Simplemente porque no quiero.

viernes, junio 20, 2008

Sólo un cafe


Daban casi las cuatro de la tarde cuando decidí llamarla, el celular repicó un par de veces antes de que conteste, ¿aló, Caro'? Un suspiro que me pareció de alivio se dejó escuchar, después, como haciéndose la desentendida, preguntó por mi nombre, Andrés pues, ¿quién más?, como si fuera la cosa más natural del mundo que la llame después de meses enteros de silencio sin alguna razón aparente, ¡Oye!, ¿Por qué no me llamaste ayer?, ella sabe porque no la llame, yo no, ella me conoce un poco mejor, algo así como mi madre, por vergüenza quizás. Su cumpleaños había sido el día anterior, desde noviembre que no hablábamos, desde aquella noche que me fui sin despedirme, con la camisa a medio poner y la ropa interior en el bolsillo, sin razón aparente, sin musitar palabra, solo me fui, eso sin contar la vez que muy arrepentido fui a buscarla, un par de meses después, su mamá me recibió, siempre tan amorosa la señora, siempre con alguna anécdota nueva del jet-set limeño, con galletitas, con un Gatorade en la mano cuando me veía trasnochado y resaqueado, me recibió tan amorosa y sólo me dijo que Carolina estaba indispuesta para luego ver su cabeza salir por la rendija que dejaba la puerta, mirarme con odio y cerrarla violentamente.


Lo bueno fue que no me pidió explicaciones, sólo me invitó a la casa de su tía, cerca de mi casa, donde ella vivía antes, a tomar un café y conversar, Ponernos al día, me dijo ella con un toque de picardía en la voz, colgué el teléfono con una sonrisa, pero estaba algo contrariado, siempre intentaba molestarla lo más posible, tanteándola, como para que me deje de hablar, pero siempre terminaba su sonrisa reflejada en mis diminutos ojos, perdí nuevamente, pero ella me dio chance como para pensar que la anterior vez, en noviembre, había salido victorioso.


Subimos a la terraza entonces, ya era muy tarde, casi medianoche, ella sabe que siempre me demoro, sin falta, soy un tardón por excelencia. La mesa ya estaba acomodada, el termo y el café pasado sobre ella y las sillas alrededor como mirando hacia la calle desde ese tercer piso que antes habíamos compartido. Las conversaciones siempre son animadas, es como la luz que se cuela entre las cortinas por las mañanas, siempre será así. Con la mano temblorosa a causa de una tercera taza de café, sacó un envoltorio, esas bolsitas herméticas, me sonrió coquetamente mientras prendía la felicidad enrollada en papel delgadito y blanco, con ese olorcito tan rico, tan relajante. Fumamos hasta acabarlo, hasta quemarnos los dedos y labios, hasta darnos cuenta que teníamos la sonrisa tatuada en la expresión, hasta entrar a la habitación de la mucama, que por azares del destino se encontraba de licencia, en la cual, con la euforia y la calentura nos dejamos llevar, como todas las veces que nos vemos, nos dejamos llevar por nuestro mar de hormonas. No nos importó que el colchón sea tan delgado que se sientan las tablas de la cama, que huela raro, que haga frío, no importó, nuestros cuerpos se azotaron, arremetieron uno contra el otro encandilados por el humo y el café. Después de la tercera batalla fui conciente de la hora, de mi desnudez, de la tuya, que hacia frío, y como esa vez en noviembre pasado, tomé mis cosas y me fui.

miércoles, junio 11, 2008

El Escribidor que Sueña


Salvador Elizondo tiene mucha razón en esa intrincada entrada que da pie a La Tía Julia y El Escribidor de Vargas Llosa, es que a veces uno se sueña escribiendo, bueno, por lo menos yo me salgo de órbita antes de escribir.

En esta bitácora puse mucha frustración en un principio, después mi imaginación empezó a aflorar dando paso a un sin fin de historias entrelazadas que, casi sin darme cuenta, comentaban de mi sórdida adolescencia y un interminable universo de abstracción que hasta este momento me queda por decifrar en cuantiosas cantidades.

Con esta remembranza no solo trato de recapitular la serie de desventuras amorosas que retrate con un poco de temor al principio, sino mas bien, rendirles homenaje por ser de aquellas primeras publicaciones -poco leídas por cierto- de las que siempre me voy a sentir orgulloso, mis sueños y objetivos quedaron claros cuando empecé este blog en parte diario y tengo que hacer una breve mención honrosa a este anatomicamente impensado personaje cual es mi primo José -grande gordito!-, por ser de aquellos pocos que viendo mis literarias y bohemias inclinaciones pusieron a mi alcance este tipo de herramientas para desarrollar lo que planeo ser a futuro.

Como escribidor practicante seguiré en este duro camino literaturesco en el cual me he aventurado sin advertencias que mediaran en alguna decisión previa al inicio de mis travesuras sobre el papel o la web, ahora en la universidad, dejando de lado, por completo, mis pininos en los medios de prensa, me quedara menos tiempo para sentirme "inspirado", pero habrá más que contar, más chicas a las cuales besar y de las cuales sentirme parcialmente enamorado, más historias de mi eterno amor adolecente con la cual comparto facultad mas no clases, más decisiones apresuradas e irreversibles, más de todo lo que puedo decir que me gusta.

Siento muy prematuro dar por inicio una nueva temporada, pero esta vez, por lo menos, me siento leído, por mi familia como siempre, por amigos a los cuales acoso para que abran el link de este blog el cual les envío cada cinco minutos, y aunque sea, por un par de extraños a los cuales agradezco. Siendo repetitivo, agradezco nuevamente, pues escribidor me siento y escritor me sueño.

jueves, junio 05, 2008

Yo te espero...


Espero, espero entre papeles rotos y manchados, espero entre punk y futbol en la televisión, espero entre cavilaciones y poemas perdidos, espero esta tarde casi noche como tantas otras que prometiste arribar a mi alcoba, yo te espero.


Esperaré que me abraces y acerques tu aliento a mi rostro, esperaré el momento adecuado para robarte un beso como tantas veces antes, esperaré a que bajes la guardia para volverte a enamorar, no te preocupes, yo te esperaré.


Esperé en la llovizna, tú como siempre llegando tarde, esperé que dejes de quererme y ahora es lo que más deseo, esperé que dejes a ese pobre muchacho, tan enamorado, esperé que lo dejes para besarme y luego desecharme como yo lo hice contigo, yo esperé.


Espero tener más paciencia contigo, porque así, sin querer, ya estoy buscando nuevo amor, sin querer dejar de esperarte. Es que estoy un poco cansado de esperar como en esta tarde casi noche en la que yo te espero.

miércoles, mayo 21, 2008

Aplausos: Crónica del 21 de Mayo



Es impresionante lo mucho que puede atraer el futbol a las masas, hombres, jovenes. Eran las trece con quince cuando apresuraba a mis compañeros para que terminen la exposición, el partido del año empezaba en media hora y no podía perdermelo por nada del mundo, menos por la universidad. Manchester United versus Chelsea F.C. ("la" final), practicamente encaramado en mi asiento apresuraba al chofer cada vez que se demoraba más de un segundo en los paraderos, extrañamente, no era el único, muchachos, jovenes como yo, piteaban con cada parada del bus, algunos hablaban del partido, de los jugadores, apuestas, resultados, habia de todo en ese Chosicano que me dejaría a cinco cuadras de mi casa.


Eran las catorce con treinta, a la pasada podía ver el gol de Frank Lampard, el que empataba la final moscovita, despues me enteré que fue Ronaldito el que adelantó a los de Fergusson.


Muy a pesar de mi declarado hinchaje por el futbol ingles, debo admitir que el actualmente considerado mejor jugador del mundo me llega a la punta de mi masculinidad, Cristiano Ronaldo, jugador de uno de los mejores equipos de Inglaterra (y del mundo, por supuesto), me parece el chiquillo más pedante sobre el gramado mundial. Otra razón es tambien mi a veces exagerada preferencia por el juego práctico y contundente que efectuan los de Stamford Bridge, los blues. ¿Qué quiero decir con esto? Asi es señores, yo le iba al Chelsea.


Llegado a casa, con las catorce y cuarenta y cinco encima, con un bien servido plato de fideos en una mano y el tenedor en la otra, me dispuse a disfrutar del futbol total, el segundo tiempo transcurría con un juego esplendido del Chelsea, me enteraría durante la transmisión que el primer tiempo fue de los rojos, no importa, mi equipo, durante los setenta y cinco minutos que lo vi, no decepcionó.


Eran casi las dieciseis con treinta, mero cálculo porque habia dejado de ver el reloj, cuando vislumbre que en las mentes de jugadores de ambos equipos ya estaban pateando los penales, me resigné a ese sufrimiento, que ese sistema tan simple y lleno de individualidad, ese sistema que nunca define lo hecho por un equipo designe al nuevo campeón de Europa. Grité a rabiar el penal fallado por Ronaldito, mi madre y tia acompañaban mi ansiedad y la transmisión, cuando John Terry falló su penal quice desmayarme en ese instante, un poco más tarde, Nicolas Anelka fallaria ante Edwin van der Saar y daría al Manchester su tercera copa de Europa.


Me queda más que felicitar a un equipo que hizo las cosas demasiado bien durante esta temporada, su título en Premier avala mis palabras, pero siendo sincero, esperaba que este fuera el año de los blues. Gracias por esta final tan emotiva, con Lampard dedicandole gol y correcta definición de penal a su recientemente fallecida madre, con un Drogba expulsado en el suplementario, con un Clarence Seedorf como comentarista para ESPN en español y correctas observaciones, con una final bien jugada por parte de ambas escuadras. Aplausos.

lunes, mayo 12, 2008

El Temblor de todos los días: Cronica del Parkinson

Poco se puede hacer y por terrible que suene, el concepto de Parkinson acarrea otro que nos causa mayor temor: Incurable. Lamentablemente esta enfermedad es misteriosa, poco se conoce de sus orígenes, menos de sus posibles curas, solo se sabe de sus síntomas y de como reducir la gravedad de los mismos. Es un mal que afecta a lo que llamamos sustancia negra en el cerebro, destruyéndose el 70% de los neurotransmisores ahí presentes provocando como todos sabemos el exceso de actividad motora en las extremidades, "los temblores". Algo más, afecta a un 2% de adultos mayores de 60 años, parece muy poco ¿no?, pero cuando lo tenemos de cerca puede tocar las hebras más profundas de nuestra sensibilidad.
Es el día de la madre, ya casi son las doce y decido bajar para saludar a las señoras -inocente apelativo que entre primos decidimos ponerle a las mujeres que habitan la casa-, al cruzar la puerta principal, el olor de plátanos fritos, chorizos y café recién pasado inunda mis tabaquisadas fosas nasales, escucho la típica cháchara aburguesada de mi abuela y sus hijas a la hora de la comida, cuando detecto a un visitante en la sala, con sus ojos bien abiertos y perdidos, entre ese bosque de incómodos muebles y diminutos adornos, entre las fotos y bajo la sombra de las luces apagadas se encontraba José Francisco Alegría Valera, doctor en Ciencias Económicas de la San Marcos, asesor del ministerio de trabajo en la época de Velasco Alvarado, Ex-gerente de Ekasa, padre de tres hijos, con 69 años de vida y hace 14 con diagnóstico de Parkinson. Se había escapado muy temprano de su casa para visitar a su hermana mayor Josefina, mi abuela, y ante esa intranquila soledad me siento a su lado para saludarlo, con las justas puede articular palabra, su lengua ya no responde, ¿ tu mami?, alcanzo a entender, le explico que no demora en bajar a saludar, ¿como estas tío?, me mira fijo y toma temblorosamente mi mano, con los ojos fijos y un esfuerzo máximo me responde: mal.
Según los estudios, con un buen tratamiento los pacientes suelen vivir entre 10 y 15 años una vez diagnosticados, el tío Pepe ya se encuentra en ese limbo, con destellos que nos recuerdan que su brillante mente aún sigue vigente, que no es un liciado, solo esta enfermo. Son las dos de la tarde y la comento como me encuentro, sigo sin conseguir enamorada, la universidad es más difícil de lo que pensaba, que quiero encontrar trabajo, pero en medios de prensa todo es muy sucio, cuando me disponía a seguir quejándome de mi vida el tío me empieza a repetir muchas veces algo que hasta ese momento no lograba deducir, se levanta extendiendo su telúrica mano, como despidiéndose y una vez más me repite ese balbuceo inintelegible, me estresa el hecho de no entenderlo, corro donde su esposa para que me ayude a traducir, ella asume que ya se quiere retirar al verlo parado, entonces empieza el ritual de despedida. Son las dos y media, la esposa desde la puerta de la casa, con el tío Pepe apoyado en ella, se acerca levemente hacia él para escucharlo mejor, se voltea y me dice: "nunca te rindas".

domingo, mayo 04, 2008

Pequeñas confesiones y conclusiones




  • Por el hecho de tener padres de distintas nacionalidades, me he dado cuenta de que no tengo bandera.

  • No me gustan las despedidas, lloré tanto con la partida de un amigo muy querido que las veces que a alguien más le tocaba marcharse, simplemente desaparecía del mapa.

  • Soy muy llorón en general.

  • Me he dado cuenta que desde siempre me gustan las chicas de tez morena, no hay nada que pueda hacer al respecto.

  • Me preocupa el hecho de no querer lo suficiente a mi hermana.

  • Las mujeres con cualquier compromiso de por medio son abismalmente mucho más interesantes que las solteras.

  • Todos mis amigos están empezando a ser padres, debí serlo años atrás.

  • Nadie debería acariciarme la espalda, me vuelve un violador en potencia.

  • Prefiero sufrir porque el Colo-Colo no pasó de ronda en la Libertadores por culpa de un gol, que arañarme por el simple hecho que los equipos peruanos ya están eliminados antes de que empiece la Copa.

  • El fútbol ingles es lo máximo, deberían darles un premio por jugar tan bacan.

  • Creo fervientemente que este 21 de Mayo los "blues" alzarán la "orejona", Pizarro lo mirara desde la tribuna con su cara de huevón, y yo, yo seré muy feliz.

  • Cuando mueran todos los cantantes de "reggaeton" el mundo será un lugar mucho mejor para vivir.

  • Una vez pensé que me había dislocado la cadera, es que los brios de aquella muchacha eran incontenibles.

  • La soledad es el factor más importante para la reflexión, por eso los grandes pensadores de la historia eran, son y serán una sarta de nerds sin amigos.

  • No tengo enamorada poco más de dos años, sinceramente me estoy empezando a preocupar.

  • Debería tener mayor consideración por las chicas con las que salgo, es por eso que ninguna se convierte en la oficial.

  • En realidad ya estoy preocupado.

  • Soy un eterno romántico, ojalá no muera en este mundo tan plástico antes de ser buen padre, buen hijo, buen hermano, buen amigo y buen escritor

lunes, abril 21, 2008

Mi Gran Problema

Con un silencio, después de tanta cháchara, prolongado, con la mirada caída, me demuestras que no te parece correcto, que no te cabe en la cabeza que siga tan embelesado, tan enamorado de aquella niña a la que tantos post dedico, que mis manuscritos en lápiz perdidos en el escritorio sean inspirados en aquel año entero que pase no solo fuera de mi casa, sino fuera de este mundo. Mi gran problema debe ser que sigo fuera de la Tierra, ni si quiera en la estratosfera, en otra dimensión, porque mi gran problema fue que siempre me mantuviste suspendido, estando a tu lado levito, floto, como cuando estoy stoned, solo que en estos casos soy más feliz, estoy más lejos del piso.



Mi gran problema no es que te quiera hacer sentir celosa cuando te cuento de mi niña, ni cuando te doy mi opinión respecto al nuevo muchacho que conociste estoy tratando de celarte, solo quiero ser sincero contigo, es que solo quiero cuidarte.



Mi gran problema es que todavía tienes mucho que pasar, no por hacerme el muy sabio, ni el que tiene mucha experiencia, pero son cosas que tienes que pasar, para que te des cuenta que las miles de veces que te digo que te quiero, no es solo por decir, es porque en verdad te quiero, no porque nos hayamos besado segundos antes, aunque, creeme, que podría pasar una vida haciéndolo, besándote y diciéndote.



Mi gran problema, es que contigo no puedo ser el chico que todos conocen, ese no soy yo, soy el que trata de mostrarse ante ti, dando manotasos de ahogado, respirando poco, el que trata de llamar tu atención siempre que te percibe cerca.



Mi gran problema es que cuando ya perdí toda esperanza, te emborrachas, y me amas sin decirme una sola palabra, te siento celosa, cercana, tratas de llamar mi atención, pero ahí es cuando ya perdí toda esperanza, la cual resurgirá cuando ya estas sobria, cuando ya no me buscas.



Mi gran problema es que todavía sueño con casarme contigo, con tener muchos lolos, con ser felices como lombrices, pero para eso, repito, hay mucho por lo que tienes que pasar.
Mi gran problema es que soy víctima de mi propia decisión, o nuestra, a veces pienso que solo tuya, el gran problema al fin y al cabo, es que solo somos amigos.

lunes, abril 07, 2008

Manolo prefiere dormir


Cuando más lo necesitó, cuando prefería cualquier dolor menos el que estaba padeciendo, apareció su madre, su protectora, hiciste lo que tenías que hacer, le dijo tranquilizante, le tomó la temperatura y volvió a salir de la habitación, él necesita descansar en serio, le trajo una taza humeante, este es el amargo que me dabas para dormir sin soñar, el mismo que bebías cuando tenías diez años mijo', pero es amargo, tómatelo ya.

En el lugar menos pensado, a unos pasos de su casa fue donde acabo su historia, la de dos niños en ese momento, la primera historia que contar para ella, la veintiúnica vez que se iba enamorando él, pero fue tan pura, tan dulce en su gesta que ambos aún se guardan un profundo amor, un cariño que siempre se comparten. Los años han pasado, las parejas han ido y venido para ambos, siguen juntos, como amigos, no tan amigos cuando liban, no tan borrachos para recordarlo, sin recordarlo mucho para no incomodarse, sin incomodarse mucho para seguir siendo amigos.

Al quedarse solo, la angustia lo invadía, años han pasado de su última compañera, su madre ha ganado muchas canas y una pequeña joroba, no le gusta que ande tan acompañado, siempre ahuyenta a las nuevas chicas que su hijo le presenta, lo quiere solo para ella y como para que él recapacite, lo culpa de sus males estéticos, es por falta de hombre, piensa él. El viento helado acaricia su espalda, corre a cerrar la ventana cuando su madre lo detiene, no lo hagas, voy a volver a salir, él la examina con los ojos, por que no usas la puerta como cualquier señora de tu edad, te apuesto que si ellas pudieran hacer lo mismo lo harían sin chistar, le cedió el paso y tomo una chompa, antes de salir, ella lo examinó esta vez, tienes los ojos tristes, le dijo, es que, como te has encargado de espantar a todas las chicas que me he dignado a traer, ya perdí toda esperanza, la madre lanzó una carcajada tan intensa que los pájaros se volaron de sus nidos, nada como un poco de camu-camu para que el dulce ahuyente a las arpías, y voló por la ventana.

La mejor manera de perder el tiempo, pensó mientras tocaba el timbre de Raquel, ella solo atinó a abrir la puerta y volvió a entrar, una vez adentro se recostó en el sofá y continuó viendo la televisión, él se acercó a darle un beso, para saludarla, esta se apartó, Manolo, no estoy de humor, dijo mientras se reacomodaba, pero solo quería saludarte, inquirió Manolo, pero ella continuó con la mirada clavada en la pantalla, el tomó asiento. Recordó entonces, cuando ella moría por él, cuando Manolo se sentía tan seguro de que su Raquel lo quería, a veces pensaba que lo necesitaba, pero siempre lo perturbaba el recuerdo de que no era tan recíproco el asunto, en su momento fue escéptico con respecto a la duración de su amor, de la intensidad, de lo que le podía ofrecer, pero ella no se canso nunca de demostrárselo, incluso años después de esa despedida cerca a su casa, que en realidad se sentía para él, recordar esos detallitos le quitaban el brillo en los ojos, aj, Manolo apestas, dijo Raquel derrepente, él sin brillo en los ojos le comento que su madre lo había hecho bañarse con el jabón que fabrica para saber su estado de ánimo, dudó, pero le llegó a preguntar por que estas triste, no respondió, ya era muy obvio.

Entonces ella te tiene triste, preguntó directamente, él no supo responder, solo suspiró y se acurrucó en su regazo, bueno mijo', eso lo podemos solucionar, pero necesito que duermas. Los inciensos se consumían, la madre tomaba enormes sorbos de su jugo de raíces, lo rociaba sobre Manolo, ma', estas segura que esto va a salir bien, la última vez que hiciste algo parecido me salieron ronchas; callate Manolo, se supone que estas durmiendo, antes que este pudiera responder se empezó a sentir cada vez más distante, con los ojos más pesados, con la cabeza en el aire. Al despertar se sentía muy ligero, su habitación estaba diferente, los muebles en distinta posición, no se extraño en realidad, con su madre en la casa nada es muy raro, el mueble de su espejo, estaba cerca de la puerta, no se miraba en el hace mucho, hecho un vistazo y lo que vio no fue nada desagradable, es más le gusto, supuso que ese fue el resultado de los menjunges, mientras se lavaba la cara hubo algo que lo paralizo, algo falta, algo no esta en su lugar, volvió al espejo y miró sus hombros, no había tinta en ellos, sus tatuajes se borraron, bueno, no los quería para siempre, pensó, cuando entró en la cocina, la perpetuamente oscura cocina, su madre lo saludó muy alegre, estaba preparando esas pociones que hacen brillar los calderos y oler a azufre, se extraño un poco, pero la real sorpresa se la llevó cuando el resplandor que produjo una de las ollas iluminó su rostro, no había canas ni arrugas, al parecer su madre también se había hecho el favor, tenía la postura correcta y brillo en los ojos. La tarde transcurrió tranquila, había muchas cosas que faltaban en la casa, pero no se preocupó mucho, lo que le extrañaba era que se sentía más dinámico, más joven incluso. Cuando se disponía a hechar una siesta sonó el timbre, era Raquel, bastante delgada, con esa sonrisa que extrañaba, con su mueca de emoción que practicamente la había olvidado, bajo apurado y esta lo recibió con un beso, un beso que sacudió su estómago, un beso de aquellos enamorados que le daba años atrás, pensé que no estabas de humor, dijo Manolo confundido, nunca te dije eso, respondió Raquel con extrañeza mientras se acercaba para besarlo, ay Manolo, seguro te has olvidado que hoy cumplimos meses, en su confusión volvió la cabeza, en el balcón de su casa estaba su madre, tal como era, jorobada y con la cabeza llena de canas, no como la había visto esa mañana, esta le sonrió y se froto los manos, asintiendo con la cabeza, Manolo entendió que sucedía en realidad, volteó hacia Raquel y le plantó el beso que le hubiera dado al día anterior, el beso que le quería dar años atrás y este, este fue correspondido. Salieron toda la tarde, fueron al cine, a la playa, cuando la noche había caído horas antes, caminaban tomados de la mano, conversaban de ellos, él le pidió disculpas, le dijo que la quería un montón, más que nunca, pensó, que si no era siempre el enamorado que ella esperaba que le tenga un poco de paciencia, que él sabía - en serio lo sabía-, que siempre la iba a querer, ella lo miraba extrañado, es como una despedida, preguntó, Manolo solo sonrió, la volvió a besar y caminaron hacia su casa, pasaron por aquella esquina, a unos pasos de su casa, donde todo terminó, cuando ya se iba a perder en recuerdos, Manolo, hueles muy bien, dijo ella, es que estoy feliz, dijo con una sonrisa.

Hoy hable conmigo, dijo su joven madre, lo se, ya es hora, preguntó Manolo, esta noche, aseguró la joven madre, Manolo la abrazó muy fuerte, te extraño tal y como estas ahora; lo se, estoy un poco desarreglada; no te preocupes, cuidaré de ti igual; lo se, pero ahora necesitas dormir; dile a Raquel que hasta ahora la amo, no importa cuanto haya pasado; no te preocupes, se lo diré.

A Micaela, en toda su dulzura, recuperate mi enana.

lunes, marzo 24, 2008

Ojala que nunca se acabe

El divorcio, segun los últimos resultados de la Universidad de Lima, ha aumentado en un 30% los últimos dos años, solo en nuestra capital, esto marca la nueva tendencia moderna que tienen las leyes para con los ciudadanos, y en este caso, los que contraen matrimonio. Las nuevas facilidades que otorgan los gobiernos con respecto a anulaciones y divorcios solo nos quieren decir una cosa: te puedes equivocar. Ante todo esto, ¿no es extraño encontrar a parejas que en medio de su felicidad hayan pasado los diez o veinte años juntos?

Quimico de profesión, Ingeniero en labores, nuestro personaje llegó desde el sureño vecino Chile, los intis estaban en proyecto como nueva moneda y por primera vez de iba a fundir en el Perú la aleación con la que se hacen las monedas hasta la actualidad: la alpaca. Llegó contratado por seis meses, con una familia formada, pero con una relación poco estable, no importa, nuestro amigo se debe a sus tres hijos.

En una reunión de amigos, una noche, conoció a nuestra segunda protagonista, los presentó el buen Beto, ella casi treintañera, con estudios de secretariado, habia trabajado en el interior del país por unos años pero ahora se dedicaba al negocio familiar de los tejidos. Después de unas sonrisas y conversaciones, muchas salidas, más conversaciones, le renovaron el contrato a nuestro amigo, se quedaba un tiempo más, y ella, ella no podía estar más feliz.

Su divorcio fue inminente, él no pudo hacer más, incluso vino al Perú con su esposa e hijos, pero hay ciertas cosas, como el amor, que solo deben fluir, esta relación tenía una represa y el poco cariño que pudo fluir a travez se vio reflejado en los pequeños. La noticia no pudo caer mejor a nuestra amiga, aunque nunca lo pueda admitir, su corazón latía más fuerte cada vez que lo veía.

Empezaron a vivir juntos, él, a veces tenia que ir y venir del país, pero ella sabia que volveria, siempre lo hacia, tú me puedes dejar ahora o cuando quieras, pero las cosas sin tí ya no serían iguales, esa frase, esas palabras bastaron para convencerla, a pesar de la negativa de su padre, un alto mando de la policia, que la habia criado con buenas costumbres, para que tome buenas decisiones, pero esta no parecia ser una, al final, ambos estaban lo suficientemente convencidos como para seguir adelante, siguiente paso: casarse.

Ya era el tercer intento, tal vez el último, ella se habia retractado a último minuto dos veces ya, el tiempo pasaba, lento y nebulosos, casi palpable, venía con angustia y una pizca de temor, media hora, una hora de retraso, el juez miraba su reloj con impaciencia, un poco de lastima tambien, por tercera vez lo encontraba ahi con la mirada perdida, esperando, cuando estaba por tomarlo del hombro y darle unas paternales palabras de aliento un auto se detuvo intempestivamente frente a la municipalidad, era ella, con su maquillaje a la volada, con el sastre blanco a medio poner, con su sonrisa culpable, él en ese momento, no la pudo ver más hermosa, no podía articular palabra, ella lo tomó de la mano y juntos fueron a la sala municipal reservada para ellos para consumar su amor. Cuando fueron a la casa de ella para el almuerzo de bodas, la familia los recibió emocionados, comieron y tras unos brindis, él partió apurado, tenía que seguir trabajando, un beso y nos vemos después.

Cuando vuelve del trabajo, no siempre hay quien lo reciba, a veces ella se ausenta, solo para volver con su sonrisa culpable, como esa tarde en la municipalidad, más de veinte años han pasado de esa vez, con dos hijos y muchas canas, unos kilitos ganados, unos problemitas superados, pero lo que más ganaron fue amor para darse, ojala que nunca se les acabe Maru y Sr Gordo, mis padres y amigos.

Una vez lloré

Del primer llanto que tengo memoria, data desde hace unos diecisiete o dieciocho años, mi mami -en ese tiempo aún la llamaba así-,me habia comprado unos zapatos nuevos, como para fiesta; me peinó entyonces, aún muy temprano, medio dormido, sin entender que sucedía, sin importarme tampoco, salimos del departamento; en sus brazos, con la cabeza apoyada en su hombro, usando mis hasta ahora enormes cachetes como almohada, trataba de conciliar el sueño.
El pequeño no se habia separado de la madre desde su nacimiento, no pasaban distantes mas de una hora, se necesitaban. Con el dolor de su corazón, la madre cargaba al pequeño rumbo a un lugar nuevo, desconocido para el querubin, unos pasos antes de su destino, la madre empezó a hablar, que te portes bien mi niño, que voy a estar cuando salgas, que te vas a divertir mucho, mientras lo llenaba de besos, miles de ellos, se iban a separar por una eternidad, pero una madre tiene que hacer lo que tiene que hacer. El pequeño se sintió extrañado, los ojos de la madre estaban acuosos, recordó de pronto, que los suyos tambien se ponían así cuando algo le dolía, acaso algo le dolía a la madre, acaso la madre estaba triste, se preguntó, no se llegó a responder, cuando tomó conciencia de lo que sucedía, la mdre se alejaba de él, de pie al lado de una desconocida que lo toamba de la mano, que le sonreía sin cesar, intentó gritar, pero un nudo en la garganta se lo impidió, sintió los ojos inundados, esa tristeza que lo invadió solo le dejó decir, mami, no te vayas mami; pero la madre ya se alejaba cada vez más, la desconocida en cambio, lo cargó y sin dejar de sonreirle dijo: bienvenido a tu primer día de clases pequeño.

domingo, febrero 10, 2008

Cuando extrañarte no hace mal

El cielo se opacaba y por fin refrescaba el viento, los lentes de sol solo servìan para sostener el cabello revelando los ojos vidriosos y las facciones enrojecidas. El cura ya era una mota blanca a lo lejos, se fue con sus bendiciones, con su voz tranquilizante, con su mirar sosegado, dejando esa herida, que nunca cierra, ardiendo como si recién le hubieran pasado alcohol. El verdor tranquiliza, dicen, pero este verde que cubre a mi abuelo me sirve de maquina del tiempo, me lleva a su auto rojo, cuando me miraba por el retrovisor y me decia Andreis, con la subsiguiente recriminación de mi abuela corrigiendole mi nombre, nuestras miradas complices pues ambos sabemos como me llamo.
Con las espectativas por el suelo, dedicado a hacer una mueca parecida a la sonrisa, a intentar sentir, por fin te comunicas, por fin te haces presente, me abrazas y ya te siento distante, culpable, te vas a quedar solo para la foto y me sueltas un blablabla que poco me convence, no importa, te despides temprano, tampoco importa, ya puedo sonreir en serio. Estas creciendo, es genial, pero crees hacer mal, no es asi, es parte de madurar, de aprender como se mueve el mundo, crees poder decepcionarme por eso no quieres que sea parte de ello, es imposible, nunca perderia la inspiración que me das porque con cada latido tuyo provocas lineas como estas.
La comida ya pasaba mejor, buen tiempo transcurrió para volver a la normalidad, por un momento, el recuerdo de su ausencia provocó un silencioso dolor, por un momento, olvidamos que podemos abrazarnos, todos los protagonistas de esta familia, una vez al año si quiera. El brindis no fue memorable, mi memoria es muy mala quizas, pero las caras, la expresión de cada uno, con sonrisas tristes, pero expresaban la calma que el abuelo siempre quiso que tengamos. Mi registro de recuerdos en muy reducido, no importa, son los precisos, los mejores, los suficientes.
Ni el hambre, ni el cansancio evita que te vaya a ver el día que te haces más grande, más mujer. Nada evita que tome tu escencia para sobrevivir hasta nuestro próximo encuentro. Ahora que tenemos poco tiempo para compartir, ahora me haces orgulloso porque percibo como creces y cambias para bien.