lunes, marzo 24, 2008

Ojala que nunca se acabe

El divorcio, segun los últimos resultados de la Universidad de Lima, ha aumentado en un 30% los últimos dos años, solo en nuestra capital, esto marca la nueva tendencia moderna que tienen las leyes para con los ciudadanos, y en este caso, los que contraen matrimonio. Las nuevas facilidades que otorgan los gobiernos con respecto a anulaciones y divorcios solo nos quieren decir una cosa: te puedes equivocar. Ante todo esto, ¿no es extraño encontrar a parejas que en medio de su felicidad hayan pasado los diez o veinte años juntos?

Quimico de profesión, Ingeniero en labores, nuestro personaje llegó desde el sureño vecino Chile, los intis estaban en proyecto como nueva moneda y por primera vez de iba a fundir en el Perú la aleación con la que se hacen las monedas hasta la actualidad: la alpaca. Llegó contratado por seis meses, con una familia formada, pero con una relación poco estable, no importa, nuestro amigo se debe a sus tres hijos.

En una reunión de amigos, una noche, conoció a nuestra segunda protagonista, los presentó el buen Beto, ella casi treintañera, con estudios de secretariado, habia trabajado en el interior del país por unos años pero ahora se dedicaba al negocio familiar de los tejidos. Después de unas sonrisas y conversaciones, muchas salidas, más conversaciones, le renovaron el contrato a nuestro amigo, se quedaba un tiempo más, y ella, ella no podía estar más feliz.

Su divorcio fue inminente, él no pudo hacer más, incluso vino al Perú con su esposa e hijos, pero hay ciertas cosas, como el amor, que solo deben fluir, esta relación tenía una represa y el poco cariño que pudo fluir a travez se vio reflejado en los pequeños. La noticia no pudo caer mejor a nuestra amiga, aunque nunca lo pueda admitir, su corazón latía más fuerte cada vez que lo veía.

Empezaron a vivir juntos, él, a veces tenia que ir y venir del país, pero ella sabia que volveria, siempre lo hacia, tú me puedes dejar ahora o cuando quieras, pero las cosas sin tí ya no serían iguales, esa frase, esas palabras bastaron para convencerla, a pesar de la negativa de su padre, un alto mando de la policia, que la habia criado con buenas costumbres, para que tome buenas decisiones, pero esta no parecia ser una, al final, ambos estaban lo suficientemente convencidos como para seguir adelante, siguiente paso: casarse.

Ya era el tercer intento, tal vez el último, ella se habia retractado a último minuto dos veces ya, el tiempo pasaba, lento y nebulosos, casi palpable, venía con angustia y una pizca de temor, media hora, una hora de retraso, el juez miraba su reloj con impaciencia, un poco de lastima tambien, por tercera vez lo encontraba ahi con la mirada perdida, esperando, cuando estaba por tomarlo del hombro y darle unas paternales palabras de aliento un auto se detuvo intempestivamente frente a la municipalidad, era ella, con su maquillaje a la volada, con el sastre blanco a medio poner, con su sonrisa culpable, él en ese momento, no la pudo ver más hermosa, no podía articular palabra, ella lo tomó de la mano y juntos fueron a la sala municipal reservada para ellos para consumar su amor. Cuando fueron a la casa de ella para el almuerzo de bodas, la familia los recibió emocionados, comieron y tras unos brindis, él partió apurado, tenía que seguir trabajando, un beso y nos vemos después.

Cuando vuelve del trabajo, no siempre hay quien lo reciba, a veces ella se ausenta, solo para volver con su sonrisa culpable, como esa tarde en la municipalidad, más de veinte años han pasado de esa vez, con dos hijos y muchas canas, unos kilitos ganados, unos problemitas superados, pero lo que más ganaron fue amor para darse, ojala que nunca se les acabe Maru y Sr Gordo, mis padres y amigos.

Una vez lloré

Del primer llanto que tengo memoria, data desde hace unos diecisiete o dieciocho años, mi mami -en ese tiempo aún la llamaba así-,me habia comprado unos zapatos nuevos, como para fiesta; me peinó entyonces, aún muy temprano, medio dormido, sin entender que sucedía, sin importarme tampoco, salimos del departamento; en sus brazos, con la cabeza apoyada en su hombro, usando mis hasta ahora enormes cachetes como almohada, trataba de conciliar el sueño.
El pequeño no se habia separado de la madre desde su nacimiento, no pasaban distantes mas de una hora, se necesitaban. Con el dolor de su corazón, la madre cargaba al pequeño rumbo a un lugar nuevo, desconocido para el querubin, unos pasos antes de su destino, la madre empezó a hablar, que te portes bien mi niño, que voy a estar cuando salgas, que te vas a divertir mucho, mientras lo llenaba de besos, miles de ellos, se iban a separar por una eternidad, pero una madre tiene que hacer lo que tiene que hacer. El pequeño se sintió extrañado, los ojos de la madre estaban acuosos, recordó de pronto, que los suyos tambien se ponían así cuando algo le dolía, acaso algo le dolía a la madre, acaso la madre estaba triste, se preguntó, no se llegó a responder, cuando tomó conciencia de lo que sucedía, la mdre se alejaba de él, de pie al lado de una desconocida que lo toamba de la mano, que le sonreía sin cesar, intentó gritar, pero un nudo en la garganta se lo impidió, sintió los ojos inundados, esa tristeza que lo invadió solo le dejó decir, mami, no te vayas mami; pero la madre ya se alejaba cada vez más, la desconocida en cambio, lo cargó y sin dejar de sonreirle dijo: bienvenido a tu primer día de clases pequeño.