lunes, abril 07, 2008

Manolo prefiere dormir


Cuando más lo necesitó, cuando prefería cualquier dolor menos el que estaba padeciendo, apareció su madre, su protectora, hiciste lo que tenías que hacer, le dijo tranquilizante, le tomó la temperatura y volvió a salir de la habitación, él necesita descansar en serio, le trajo una taza humeante, este es el amargo que me dabas para dormir sin soñar, el mismo que bebías cuando tenías diez años mijo', pero es amargo, tómatelo ya.

En el lugar menos pensado, a unos pasos de su casa fue donde acabo su historia, la de dos niños en ese momento, la primera historia que contar para ella, la veintiúnica vez que se iba enamorando él, pero fue tan pura, tan dulce en su gesta que ambos aún se guardan un profundo amor, un cariño que siempre se comparten. Los años han pasado, las parejas han ido y venido para ambos, siguen juntos, como amigos, no tan amigos cuando liban, no tan borrachos para recordarlo, sin recordarlo mucho para no incomodarse, sin incomodarse mucho para seguir siendo amigos.

Al quedarse solo, la angustia lo invadía, años han pasado de su última compañera, su madre ha ganado muchas canas y una pequeña joroba, no le gusta que ande tan acompañado, siempre ahuyenta a las nuevas chicas que su hijo le presenta, lo quiere solo para ella y como para que él recapacite, lo culpa de sus males estéticos, es por falta de hombre, piensa él. El viento helado acaricia su espalda, corre a cerrar la ventana cuando su madre lo detiene, no lo hagas, voy a volver a salir, él la examina con los ojos, por que no usas la puerta como cualquier señora de tu edad, te apuesto que si ellas pudieran hacer lo mismo lo harían sin chistar, le cedió el paso y tomo una chompa, antes de salir, ella lo examinó esta vez, tienes los ojos tristes, le dijo, es que, como te has encargado de espantar a todas las chicas que me he dignado a traer, ya perdí toda esperanza, la madre lanzó una carcajada tan intensa que los pájaros se volaron de sus nidos, nada como un poco de camu-camu para que el dulce ahuyente a las arpías, y voló por la ventana.

La mejor manera de perder el tiempo, pensó mientras tocaba el timbre de Raquel, ella solo atinó a abrir la puerta y volvió a entrar, una vez adentro se recostó en el sofá y continuó viendo la televisión, él se acercó a darle un beso, para saludarla, esta se apartó, Manolo, no estoy de humor, dijo mientras se reacomodaba, pero solo quería saludarte, inquirió Manolo, pero ella continuó con la mirada clavada en la pantalla, el tomó asiento. Recordó entonces, cuando ella moría por él, cuando Manolo se sentía tan seguro de que su Raquel lo quería, a veces pensaba que lo necesitaba, pero siempre lo perturbaba el recuerdo de que no era tan recíproco el asunto, en su momento fue escéptico con respecto a la duración de su amor, de la intensidad, de lo que le podía ofrecer, pero ella no se canso nunca de demostrárselo, incluso años después de esa despedida cerca a su casa, que en realidad se sentía para él, recordar esos detallitos le quitaban el brillo en los ojos, aj, Manolo apestas, dijo Raquel derrepente, él sin brillo en los ojos le comento que su madre lo había hecho bañarse con el jabón que fabrica para saber su estado de ánimo, dudó, pero le llegó a preguntar por que estas triste, no respondió, ya era muy obvio.

Entonces ella te tiene triste, preguntó directamente, él no supo responder, solo suspiró y se acurrucó en su regazo, bueno mijo', eso lo podemos solucionar, pero necesito que duermas. Los inciensos se consumían, la madre tomaba enormes sorbos de su jugo de raíces, lo rociaba sobre Manolo, ma', estas segura que esto va a salir bien, la última vez que hiciste algo parecido me salieron ronchas; callate Manolo, se supone que estas durmiendo, antes que este pudiera responder se empezó a sentir cada vez más distante, con los ojos más pesados, con la cabeza en el aire. Al despertar se sentía muy ligero, su habitación estaba diferente, los muebles en distinta posición, no se extraño en realidad, con su madre en la casa nada es muy raro, el mueble de su espejo, estaba cerca de la puerta, no se miraba en el hace mucho, hecho un vistazo y lo que vio no fue nada desagradable, es más le gusto, supuso que ese fue el resultado de los menjunges, mientras se lavaba la cara hubo algo que lo paralizo, algo falta, algo no esta en su lugar, volvió al espejo y miró sus hombros, no había tinta en ellos, sus tatuajes se borraron, bueno, no los quería para siempre, pensó, cuando entró en la cocina, la perpetuamente oscura cocina, su madre lo saludó muy alegre, estaba preparando esas pociones que hacen brillar los calderos y oler a azufre, se extraño un poco, pero la real sorpresa se la llevó cuando el resplandor que produjo una de las ollas iluminó su rostro, no había canas ni arrugas, al parecer su madre también se había hecho el favor, tenía la postura correcta y brillo en los ojos. La tarde transcurrió tranquila, había muchas cosas que faltaban en la casa, pero no se preocupó mucho, lo que le extrañaba era que se sentía más dinámico, más joven incluso. Cuando se disponía a hechar una siesta sonó el timbre, era Raquel, bastante delgada, con esa sonrisa que extrañaba, con su mueca de emoción que practicamente la había olvidado, bajo apurado y esta lo recibió con un beso, un beso que sacudió su estómago, un beso de aquellos enamorados que le daba años atrás, pensé que no estabas de humor, dijo Manolo confundido, nunca te dije eso, respondió Raquel con extrañeza mientras se acercaba para besarlo, ay Manolo, seguro te has olvidado que hoy cumplimos meses, en su confusión volvió la cabeza, en el balcón de su casa estaba su madre, tal como era, jorobada y con la cabeza llena de canas, no como la había visto esa mañana, esta le sonrió y se froto los manos, asintiendo con la cabeza, Manolo entendió que sucedía en realidad, volteó hacia Raquel y le plantó el beso que le hubiera dado al día anterior, el beso que le quería dar años atrás y este, este fue correspondido. Salieron toda la tarde, fueron al cine, a la playa, cuando la noche había caído horas antes, caminaban tomados de la mano, conversaban de ellos, él le pidió disculpas, le dijo que la quería un montón, más que nunca, pensó, que si no era siempre el enamorado que ella esperaba que le tenga un poco de paciencia, que él sabía - en serio lo sabía-, que siempre la iba a querer, ella lo miraba extrañado, es como una despedida, preguntó, Manolo solo sonrió, la volvió a besar y caminaron hacia su casa, pasaron por aquella esquina, a unos pasos de su casa, donde todo terminó, cuando ya se iba a perder en recuerdos, Manolo, hueles muy bien, dijo ella, es que estoy feliz, dijo con una sonrisa.

Hoy hable conmigo, dijo su joven madre, lo se, ya es hora, preguntó Manolo, esta noche, aseguró la joven madre, Manolo la abrazó muy fuerte, te extraño tal y como estas ahora; lo se, estoy un poco desarreglada; no te preocupes, cuidaré de ti igual; lo se, pero ahora necesitas dormir; dile a Raquel que hasta ahora la amo, no importa cuanto haya pasado; no te preocupes, se lo diré.

A Micaela, en toda su dulzura, recuperate mi enana.

2 comentarios:

Pen Drive dijo...

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JoseLo dijo...

Ando Ando, esta paja la historia. ya la habia leido hace tiempo, y comentado tambien, pero parece que nunca llego.