lunes, mayo 12, 2008

El Temblor de todos los días: Cronica del Parkinson

Poco se puede hacer y por terrible que suene, el concepto de Parkinson acarrea otro que nos causa mayor temor: Incurable. Lamentablemente esta enfermedad es misteriosa, poco se conoce de sus orígenes, menos de sus posibles curas, solo se sabe de sus síntomas y de como reducir la gravedad de los mismos. Es un mal que afecta a lo que llamamos sustancia negra en el cerebro, destruyéndose el 70% de los neurotransmisores ahí presentes provocando como todos sabemos el exceso de actividad motora en las extremidades, "los temblores". Algo más, afecta a un 2% de adultos mayores de 60 años, parece muy poco ¿no?, pero cuando lo tenemos de cerca puede tocar las hebras más profundas de nuestra sensibilidad.
Es el día de la madre, ya casi son las doce y decido bajar para saludar a las señoras -inocente apelativo que entre primos decidimos ponerle a las mujeres que habitan la casa-, al cruzar la puerta principal, el olor de plátanos fritos, chorizos y café recién pasado inunda mis tabaquisadas fosas nasales, escucho la típica cháchara aburguesada de mi abuela y sus hijas a la hora de la comida, cuando detecto a un visitante en la sala, con sus ojos bien abiertos y perdidos, entre ese bosque de incómodos muebles y diminutos adornos, entre las fotos y bajo la sombra de las luces apagadas se encontraba José Francisco Alegría Valera, doctor en Ciencias Económicas de la San Marcos, asesor del ministerio de trabajo en la época de Velasco Alvarado, Ex-gerente de Ekasa, padre de tres hijos, con 69 años de vida y hace 14 con diagnóstico de Parkinson. Se había escapado muy temprano de su casa para visitar a su hermana mayor Josefina, mi abuela, y ante esa intranquila soledad me siento a su lado para saludarlo, con las justas puede articular palabra, su lengua ya no responde, ¿ tu mami?, alcanzo a entender, le explico que no demora en bajar a saludar, ¿como estas tío?, me mira fijo y toma temblorosamente mi mano, con los ojos fijos y un esfuerzo máximo me responde: mal.
Según los estudios, con un buen tratamiento los pacientes suelen vivir entre 10 y 15 años una vez diagnosticados, el tío Pepe ya se encuentra en ese limbo, con destellos que nos recuerdan que su brillante mente aún sigue vigente, que no es un liciado, solo esta enfermo. Son las dos de la tarde y la comento como me encuentro, sigo sin conseguir enamorada, la universidad es más difícil de lo que pensaba, que quiero encontrar trabajo, pero en medios de prensa todo es muy sucio, cuando me disponía a seguir quejándome de mi vida el tío me empieza a repetir muchas veces algo que hasta ese momento no lograba deducir, se levanta extendiendo su telúrica mano, como despidiéndose y una vez más me repite ese balbuceo inintelegible, me estresa el hecho de no entenderlo, corro donde su esposa para que me ayude a traducir, ella asume que ya se quiere retirar al verlo parado, entonces empieza el ritual de despedida. Son las dos y media, la esposa desde la puerta de la casa, con el tío Pepe apoyado en ella, se acerca levemente hacia él para escucharlo mejor, se voltea y me dice: "nunca te rindas".

3 comentarios:

debiiiiii dijo...

me haz hecho llorar...y tiene razon si el con todo lo pasado no se a rendido nosotros tampoco!

JoseLo dijo...

Ese tio Pepe.
Me hace acordar al abuelo Leo.

JoseRD dijo...

Bravazo. Sobretodo la parte final. Ya pes, hazle caso al tio.