martes, marzo 24, 2009

Pienso


Pienso que debería estar durmiendo. Pienso en ese frasco de Alprazolám que tiré al inodoro. Pienso que debería dejar de fumar. Pienso en tomar todas las noches. Pienso que debería desayunar más seguido. Pienso en hacer ejercicios. Pienso en jugar basquet sin operarme la rodilla. Pienso que estoy engordando muy rápido. Pienso en un bocadillo de media noche. Pienso en un min-pao del mercado central. Pienso en los años que vomitaba. Pienso que voy a vivir muy poco.

Pienso en Micaela todos los días, pienso que la voy a ver los domingos desde temprano. Pienso que los juegos de Plaza vea son mejores que las camas de hospital. Pienso que los sueños que tengo son imágenes de otra vida. Pienso en Isabel cada cinco minutos, pienso que tiene razón al llamarme cobarde. Pienso en la muchacha que se mudó a otro país huyendo de mí, pienso que ella fue más cobarde. Pienso que debería tragarme el orgullo. Pienso que Raquel y su familia deberían tener más orgullo y no dejarme entrar más a su casa. Pienso que soy un pésimo amigo, pero peor novio.

Pienso que mi psicólogo tiene razón cuando me repite, todas las sesiones, que mi autoestima, siempre, está por los suelos. Pienso que debería seguir buscando trabajo. Pienso que debería dejar de escribir. Pienso, tercamente, en publicar algún día. Pienso en buscar alguna práctica en algún diario. Pienso que voy a morir de hambre trabajando en algún diario. Pienso en las veces que debí ser padre. Pienso que no debería intentarlo de nuevo. Pienso en las veces que me rompieron el corazón. Pienso, a veces, que nació roto. Pienso que debería estar durmiendo, pero recuerdo que ya no tengo pastillas ni Micaela, así que mejor sigo pensando.

miércoles, marzo 18, 2009

El por qué de las cosas


Ayer tuve que levantarme temprano. No necesariamente despertarme temprano, salí de mi cama a la hora en que cualquier mortal con trabajo o alguna responsabilidad ya estaría despierto, pero en mi caso tomó un par de minutos darme cuenta de que me encontraba en la ducha alistándome para ir a la clínica.

Mi primo Gabriel fue internado el día anterior por una deshidratación severa y a petición de mi madre fui a acompañarlo durante un par horas, de paso para ayudar a mi tía, y de paso saber si ya estaba listo para ver a un niño inquieto sobre una cama de sábanas blancas, atado a una vía de suero tal cual había experimentado con Micaela hace unos meses.

Debo decir que al abrir la puerta de la habitación 410 de esa clínica cercana a mi casa me sentí como un hidrófobo lanzado a una piscina. Lo bueno fue, tras el impacto inicial, que la angustia se desvaneció al darme cuenta de que podía sobreponerme, dar unos pasos hacia dentro y quedarme por fin con el hiperactivo niño que es mi primo.

Entrado el mediodía mi tía salió a almorzar. Gabriel y yo nos quedamos viendo Oliver Twist compartiendo la cama, desparramados más bien. Aproveché la oportunidad para contarle que Isabel no iría más a visitarnos –y es que vivimos juntos en la enorme casa de la abuela-, merecía saberlo ya que el hombrecito estaba acostumbrándose a su presencia.

Primero, la pregunta de cajón, ¿Ya no son enamorados?, Pues, no, le dije. La siguiente pregunta, más que obvia, fue la mejor que me han hecho desde el viernes que ocurrió el rompimiento, ¿Y por qué? -...- ¡Carajo! ¡Que excelente pregunta! No fue el típico: ¿qué pasó?, ese que me hicieron los amigos que se enteraron, los mismos amigos que me hicieron sentir más entrevistado que Claudia Llosa.

“¿Y por qué?”, tan simple, Es que queremos cosas diferentes, fue lo primero que alcancé a decirle, ¿Qué cosas?, repreguntó, Ella, por ejemplo, quiere alguien que la cuide, alguien que le de mucha seguridad, que de soporte a su vida en todo sentido, ella quiere rehacer su vida. Cuando me percaté que me escuchaba atento proseguí, Yo quiero otras cosas, por ejemplo, terminar la universidad, viajar, escribir mucho, fumar mucho, beber mucho y sobre todo, alguien que me deje amarla mucho.


“¿Y por qué?”. Sólo me queda agradecer esa sabia pregunta que me hizo Gabriel con sus inquietísimos ocho años. Esa sabia pregunta que me dio una sabia respuesta.

domingo, marzo 15, 2009

La muerte anunciada de Nosotros


Nosotros fue un guapo y robusto niño que nació de un apresurado compromiso entre un bonachón caballero, alto, de tez blanca, y una dama recién divorciada, que tenía una sustentosa manutención del ex-marido. Los padres de Nosotros habían sido viejos amantes, pero en ese tiempo, el caballero bonachón era joven, delgado y pobre, siendo ahora no tan joven, robusto –cualidad que heredó-, pero aún pobre. Fue en aquel entonces que no funcionó la relación de los padres de Nosotros, la madre, guapa –cualidad que heredó-, autosuficiente y de intensas voluntades tomó otro rumbo casándose con el señor de la cuantiosa manutención, para después asegurar y fundamentar, sin convencer a nadie, que su matrimonio había sido una total pérdida de tiempo, ganas, convicciones y sentimientos.

Pasado el divorcio, en algún momento, sin necesidad de creer en el destino, los padres de Nosotros, que aún no existía, se reunieron a tomar café, pasar el rato y contarse de sus vidas. Él no volvió a entablar relación con nadie, muchos intentos fallidos y pocas oportunidades, y ella que salía derrotada de un matrimonio de fachada, estático y asfixiante. Fue así que, sin creer en el destino, él vio un ángel, de un destello de luz fluorescente, un ángel que ella también vio, que no era como uno convencional, era cojo y manco del lado derecho, un par de muñones benditos reemplazaban sus extremidades, y así fue que decidieron retomar su vida juntos, porque tomaron a ese ángel como una señal y como la guardia futura de quien fue Nosotros.

Ante la llegada de Nosotros, que tampoco fue una sorpresa generalizada, según los más allegados una cuestión de tiempo, extrañas circunstancias alertaron al padre de que algo no andaba bien y la madre siguió mirando al frente, sin sentir lo que pasaba. Y es que Nosotros estaba enfermo, nació enfermo. Quizás perdiendo algo de tiempo, él lo llevó a que un médico amigo lo diagnosticara, este le dijo que no veía ningún problema y le recetó un par de calmantes para que dejara de pensar en que algo estaba mal, pero él siguió su instinto y fue a otro y después a otro hasta que uno, por fin, encontró el problema, Es que eres pobre, le dijo, Eres pobre y también una buena persona, y esa, es la peor de la combinaciones, no tiene mucho tiempo de vida y mientras su madre siga sin darse cuenta de que todo en él funciona mal, el tiempo se le seguirá acortando. El padre se sintió desolado, Nosotros no tenía esperanza alguna y al parecer sólo él se daba cuenta.

Y la manutención del ex-marido siguió llegando, a pesar de ella estar con Nosotros y su padre, y así Nosotros cada vez empeoraba más sin que nadie se percate, hasta terminar como un despojo, tendido sobre una cama, conectado a unas máquinas que funcionaban para mantenerlo vivo, para mantener una existencia inútil, a la cual sólo el padre se había hecho la idea de que pronto no estaría más. Y la madre, distraída pensando en como gastar su cuantiosa manutención, caminaba alrededor de la cama de Nosotros, sorteando las máquinas que el padre había comprado para mantenerlo vivo, y casi sin querer o casi queriendo, pisó el cable que alimentaba la corriente eléctrica. Recién en ese momento, en el que Nosotros no tenía nada que sustente su vida, en el que Nosotros estaba muriendo irremediablemente, en el que el padre sólo se acercó a bajar sus parpados y esperar tranquilo que todo esté consumado, en ese momento fue que ella se percató de todo y casi sin querer o casi queriendo dejó escapar un Perdoname.

lunes, marzo 02, 2009

Te extraño

Te extraño cuando trato de dormir, porque tiré todo un frasco de somníferos al escusado para pensar en ti por las noches y así dormir igual de rico. Te extraño cuando paso por tu colegio, recuerdo que te contrabandeaba dulces por el costado de la puerta y juntos esperábamos que tu abuela vaya a buscarte. Te extraño los domingos, sobretodo en semanas horribles como esta, porque me arreglabas la vida entera dejándote cargar y esperaba el lunes con una sonrisa. Te extraño cuando Totta ladra y mueve la cola, porque recuerdo las veces que me preguntabas por ella, a pesar de haberla visto sólo una vez. Te extraño cuando veo mis ojos en el espejo y nuevamente te tengo ahí, abriéndome los párpados y diciendo que los tuyos también son marrones. Te extraño cuando escucho Just like heaven por todas las veces que te la dediqué en silencio. Te extraño más que en esa época, en la que tu madre amaba a ese señor que tú también quieres mucho, y yo te iba a ver a escondidas, de vez en cuando, y cada vez te veía más grande y más linda. Te extraño cuando toco algún techo con la punta de los dedos, porque te recuerdo preguntándome si llegaba al techo de tu sala y luego te cargaba para que tú también lo hagas. Te extraño porque ya nadie me quita las gafas, que ahora están rayadas y rotas. Te extraño porque nadie me recibía como tú al llegar a tu casa. Te extraño cuando no tengo con quien ignorar a tu madre, no tengo a quien cuchichearle bromitas absurdas mientras ella reniega. Te extraño porque ya nadie me pregunta por su futuro hermanito. Te extraño cuando veo televisión, extraño que te muevas como culebra y te duermas sobre mi fofa barriga, y luego no me dejes cambiar tu programa porque te despiertas de inmediato y me dices que no te gusta el fútbol. Te extraño cuando veo Wall-e, ese robot idiota que aprendí a adorar, porque lo veíamos tres veces todos los días que podíamos. Te extraño cuando tu madre sirve la comida que ella misma preparó y no tengo con quien sentirme castigado. Te extraño, porque nunca más me dieron ganas de afeitarme y nunca más quiero dejar de fumar. Te extraño todos los días, porque la foto que te tomé está al lado de mi cama, pero, créeme, es la mejor foto del mundo.