viernes, junio 05, 2009

El fin de las quejas


Un final esperado, querida. Un desenlace que todos preveían pero que nadie comentaba. Obvio, todos contentos con nuestro regreso, la parejita del verano éramos. Los dos bellos, jóvenes, sin embargo, jodidamente opuestos. Yo alto, tú baja, yo blanco, tú deliciosa negrita, yo rizado, tú lacia, yo fumón, tú abstemia. Tal vez en lo único que coincidimos hasta ahora es que tu dolor es el mío, y viceversa. Un final esperado, querida mía, unidos por la herida que hasta hoy nos arde. Que usamos como excusa tal vez.

Es que era tan esperado este fin, querida. Con nuestros planes que no coincidían, con nuestras metas dispares, con nuestros gustos ajenos a uno del otro. Es que, te explico, yo quiero hijos –varones-, tú sólo quieres niñas. A mí me gusta el frío, me gusta cagarme de frío, a ti te gusta el solcito, la playita, la arenita, irte a Máncora. Vivir en La Molina querías, no jodas pues, hubiera andado todo el puñetero día con gafas de sol para evitar las migrañas. En Barranco, te dije alguna vez, en Miraflores, me corregí. Me miraste sonriente, me besaste y dijiste: en La Molina, ¿ya?

Escribes bonito, me decías. Te apuesto, darlin, que este no te va a gustar tanto. Es que esta es una tardía, cobarde y mediocre misiva de quejas. ¿Recuerdas en año nuevo? Te preguntaba que hacer y nunca respondías. Me largué a San Bartolo entonces, no me gusta la playa pero me mandé a mudar a una casa alquilada con mis amigos que no te caen. ¿Recuerdas que hiciste? Te apareciste a la media noche, en una huasca de padre y señor mío, entraste por la puerta trasera y luego me "tiraste" toda la noche, toditita. ¿Qué hiciste después? Te largaste en la tarde, te embarqué en el pueblo, es que tenías que pasar las fiestas en casa, que tu cumpleaños era mañana y que yo tenía que pasar las doce contigo. No me dejaste chupar ni un poquito, regresé a Lima a la tarde siguiente porque no dejabas de joder con el celular.

Y hablando de celular. ¿Quién te lo sigue pagando, mi vida? ¿El “Gordito” que es tan bueno, que es tu ex y que ahora es tu mejor amiguito? ¿No se supone que yo debía ser tu confidente, que debías confiar en mí como yo en ti? Es que el “Gordito” te entiende pues, él pasó tantas cosas contigo. Es que el “Gordito” tiene más plata que yo, supongo ¿no? Es que él es buenito y no quiere nada a cambio, por eso te regaló un viaje todo pagado a Máncora. Por eso te invitaba a la playita todos los fines de semana, porque tú eres chica full Caballeros, con el rico cevichito y las chelas bien helenas. Por eso te fuiste a tonear un fin de semana con él a las discotecas del sur, los dos solitos, Claro que el cuarto del telo tenía dos camas, obvio. Es que él es tu mejor amigo, tu amix, por eso te regala cositas, no porque sea tu ex.

Hablando de los ex. ¿Recuerdas a Raquel, mi noviecita de cuando tenía quince años? A la que dediqué tantos afiebrados poemas de amor, tantos cuentos de finales felices. Claro que la recuerdas, si fuiste a su cumpleaños. Es que nosotros nos teníamos una confianza del carajo pues, por eso me acompañaste a su casa a saludarla. Por eso te tuve que presentar como mi pareja frente a los "viejos" de la festejada, esos señores que hasta ese momento me creían su yerno soñado –ilusos- y que pendejamente bajaste de su nube con tu sola presencia. Mejor me meabas encima, querida.

¿Recuerdas San Valentín? La pasamos mostro, por supuesto. El karaoke en mi casa, con mi familia que te aceptaba, que te agarraba cariño. Mis primas que chismeaban contigo, mis tías que te invitaban coctelitos, mi madre que te sonreía, mis tíos y mi padre admirando tu enorme, portentoso, bien formado, digno de dioses, suculento trasero. Todo era felicidad. Claro, hasta que la cagué, obvio, tonto yo. Es que me fui a comprar cigarros con mi compadre. La tía de la bodega se demoró como media hora dándole el vuelto a mi amigo que no me di cuenta que te había dejado sola, abandonada en la cueva de los lobos, expuesta a la intemperie. Claro, como estabas algo tomada, obvio que te pusiste a pensar que me fui a otro lado, ¡si es lo lógico!, que me fui a saludar por el día del amor a Raquelita, a Lupita, a Clotilde y a Maria Pía, todas las nueras favoritas de mi madre. Lógico. Por eso al regresar me hiciste "el" escándalo, que te había abandonado para irme a ver “esas”, que muy pendejo yo pensé que nadie se daría cuenta. Por supuesto, la excusa de los cigarros era burda e inverosímil, que no tenía testigos- ¿y mi compadre?- y que me vaya a la mierda. Feliz día para ti también, bomboncito.

Es que siempre tuvimos este problema de los celos. ¿Te diste cuenta? No sólo era el “Gordito” tan buena gente y Raquel. No sólo ellos. Estaba también mi amiguita de la universidad, mi ex que vive en Estados Unidos y con la que no hablo hace años, claro, estaba también mi prima, la señora que me saluda en la calle, la chica que atiende en la farmacia, mi vecina a la que le sonrío para saludarla. Perdóname, muñequita, es que soy un celoso, estoy enfermo y necesito ayuda. Perdóname por si quiera imaginarme que tu “Gordito” sigue calando en tu corazón. Yo entiendo que sus cenas a la luz de velas son una cosa enteramente amical. Yo entiendo que te haya sembrado tantas dudas por conocer a varias mujeres. Perdóname, mi reina.

Ahora entiendo, querida, que este final no se trata de nuestras diferencias. No se trata de que a mí me guste el frío y quiera un departamento frente al malecón. Que quiera hijos varones, que jueguen fútbol o rugby y de grandes se tiren a todas sus amiguitas. Que sea celoso, inseguro y misio. Que estés buenota y nadie crea que pueda con un lomo como tú. No se trata de Raquel o de tu “Gordito” entre nosotros. No se trata de que Micaela ya no esté más y que nos duela como la gran puta extrañarla tanto. Este final no se trata de que nos hayamos amado mucho o poco. Se trata de que no lo hicimos en lo absoluto.