jueves, diciembre 31, 2009

Recuento

Enero: Comencé el año sumergido en una piscina, arrojado post-abrazo de algarabía. Dos días antes, amigos que tenían una casa en San Bartolo me arrastraron a pasar la fiesta con ellos. Un día antes, Isabel llegaba intempestiva y borrachamente. Se fue por la tarde, horas antes de la medianoche.

Febrero: Celebré mi ciudadanía mundial con los amigos de siempre. Para variar, Isabel y yo discutimos. Raquel llegó a saludar. Me puse notoriamente nervioso –creo que rompí dos vasos-. Esa noche, a modo de broma – o tal vez no- le dije a ésta última que aún la amaba mientras nos despedíamos fugazmente, entre risitas cómplices.

Marzo: Decidí terminar con Isabel. Me había dado cuenta de que me caía realmente mal. También me enfermé del hígado. Bebí un mes sin parar al darme cuenta de que realmente la extrañaba.

Abril: Regresé a la universidad. Todos se dieron cuenta de que estaba gordo, sucio, descuidado, más idiota de lo usual. Hice nuevos amigos, sobretodo amigas. Me empecé a divertir como nunca. Me enamoré de todas y cada una de ellas. Ellas lograron que sobreviva a mi depresión.

Mayo: Empecé a dudar de lo que estudio. Decidí que sería un medio de financiamiento y no de realización. Micaela debió cumplir cinco años. Isabel decidió cantarle happy birthday tras la ceremonia, en plena iglesia. La odié por eso.

Junio: Me rapé los costados de la cabeza. Me hice la cresta que tanto quería. Adelgacé. En alguna ocasión, una chica me sonrío coquetamente. Le agradecí en silencio.

Julio: Apareció Melissa, con toda su vida, con toda su turbulencia, con todo su inglés. Apareció con mi alegría noctámbula y nómada, con la gripe porcina, con las vacaciones de medio año.

Agosto: Melissa seguía aquí pero pronto se iría. Le dije que la quería. Era cierto, era la primera vez que era tan cierto. Me devolvió el alma. Me dejó bien claro que por ahí, por algún lugar, había una chica que estaría conmigo, con todos mis defectos y mis personalidades, estaría conmigo.

Septiembre: Grabé mi primer protagónico. Un corto adaptado de “Ojos de perro azul” de García Márquez. Fui feliz los tres días de grabación. No cobré un peso, un céntimo, ni una fucking luca.

Octubre: Acepté grabar un corto al otro lado de la ciudad. Cobré como grande y trabajé como esclavo. No importaba, la directora, la maquilladora y la dueña de casa tenían el trasero enorme.

Noviembre: Grabé mi corto propio, como protagonista y co-director, co-productor, co-guionista. En fin, de una producción de cinco personas, sólo trabajamos Esteban y yo. Raquel accedió a actuar conmigo. La amé por eso.

Diciembre: Me concentré más en las grabaciones que en los estudios –al final de cuentas, eran los primeros los que me ayudaban a pagar las deudas-. Resultado: me retiré de dos cursos y jalé otros dos. Una guapa muchacha decidió engañar a su novio conmigo, cometí el error de traerla a mi casa. Salí a bailar con Raquel un día después de navidad. Estaba bella como sólo ella lo sabe estar.

Feliz Año nuevo a todos. Los que me leen, los que no, los que me leerán. A Mica, a mis padres, a mi hermana, a mis amigos que son casi mis hermanos. Con los que trabajo, con los que estudio (“…”)