lunes, febrero 15, 2010

Manolo Uno


Sabía que volverías, dijo con una sonrisa blanca. Acomoda con delicadeza el bultito de mantas que tiene en los brazos. Juan regresó a Guarango, un pueblo en Tumbes, a una hora de Ecuador. En una mano tiene un ramillete de flores recién arrancadas en el jardín, en la otra tiene su maleta de viajero dudoso. No tiene idea si se quedará un tiempo: un día, una semana, o si se quedará en realidad. Amapola se acerca extendiéndole el bultito que carga con cuidado, no es otra cosa que su hija recién nacida. Una semana, el cálculo le falló por siete días exactos. Juan decidió vender todo lo que buenamente había ganado en sus años como profesional cuando tuvo la certeza, el presentimiento, que la mujer que abandonó pronto daría a luz. Amapola fue paciente. De alguna extraña manera, en medio de su fugaz amorío, pudo conocer el interior remendado del padre de su hija. Como dijo, sabía que volvería.


Manolo revisa una y otra vez las fotos de su última amante. Aprovecha la oportunidad de ser un anónimo visitante a través de su cuenta de MySpace. La verdad, llamarla amante le suena algo pretencioso de su parte, en realidad la comprometida era ella y no al revés. Mira con envidia cada foto que tienen con el muy bastardo de su novio cuando un correo llega a su bandeja. Su psicólogo de siempre da señales de vida después de meses de haber viajado. Es una respuesta a las múltiples llamadas de auxilio que le envió Manolo en las últimas semanas, tiene en el pecho esa sensación conocida de querer arrancarse todo lo que haya dentro.


No desespere, comandante. Decía Juan y entiende que es toda la ayuda que le puede ofrecer, una mera frase de ánimo. Carajo, reniega Manolo, reniega del poco dinero que tiene, que no le alcanza ni para comprarse dos de esas pastillas que le arreglaban el corazón y corroían su estómago. Tienes razón, decía también, es de puta madre, en clara alusión a su hija Clavel. Carajo, reniega otra vez, su hígado está destrozado, otra vez, para variar. No hace mucho, realizó su manyadito acto de desaparición, es decir, no celular, no Messenger, no frecuentar amigos en común, no ni mierda. Que ella lo disculpe, pues, él no quiere joder a nadie, por más bastardo que sea. Manolo no ha desesperado durante mucho tiempo, pero ante tanta ausencia, ante tanta pesadumbre, Que Juan me la chupe, yo quiero mis pastillas.

martes, febrero 02, 2010

Onomástico

Es ser un año más viejo, un año más débil, más fuerte. Se trata de crecer, de rejuvenecer, de madurar, de retroceder -mirar atrás un segundo y estar seguro, segurísimo, que no te arrepientes de nada-. Se trata de proyectarse, de creer que puedes, de llorar cuando te das cuenta de que no. Es un feliz día por momentos, porque todos te quieren por veinticuatro horas, es un mal día porque falta alguien, alguien a quien tienes que darle el alcance. Es tu día al final de cuentas, disfrútalo, acompáñalo con pisco.