martes, octubre 05, 2010

Johny

Estaba retrasado para mi examen cuando salí de casa. Tenía quince minutos para llegar al centro y la profesora de literatura ya nos tenía -a todos- amenazados con llegar a tiempo. Pensé un instante y decidí tomar Evitamiento, me costaría más dinero en definitiva, pero no quedaba de otra.

Al caminar a uno de los paraderos, vi una señora que caminaba de la mano con un hombre, tenían un aura distinta a la que proyectan las parejas, más bien parecía que ella lo cuidaba. Al momento de rebasarlos, empecé a oír gritos, gritos desesperados: Te va a pegar, te va a pegar. Cuando volví la cabeza, lo primero que vi fue a la señora, ansiosa, asustada. Sus gritos se dirigían al hombre que la acompañaba.

Tenía la ropa sucia y roída. Su casaca azul despedía relleno a cada movimiento. Su jean rasgado pedía a gritos un poco de detergente. Su rostro sucio y desdentado mantenía una expresión pícara, infantil. Parecía un niño travieso que daba saltitos para hacer una de las suyas. Su bigote ralo, sus cicatrices, toda su apariencia contrastaba con su sonrisa cándida, cincoañera.

Johny, te va a pegar. Gritaba la mujer. Johny se acercaba a mí casi corriendo. como quien pretende asustar a alguien y quiere mantener el sigilo, el cuello oculto entre los hombros, en punta de pies. Lo miré cuando estaba tres metros de mí. Se contuvo y me sonrió. Debo admitir, me asusté al principio, es más, si me tocaba, posiblemente lo hubiera golpeado. Subí a mi bus tranquilo. La mujer se acercó a Johny y le dijo: apúrate, hijo.

2 comentarios:

Javier dijo...

historias de la vida...

Elmo Nofeo dijo...

Johny sabe que no se debe pegar cuando hay mujeres presentes.